Bueno, todos sabemos que dadas ciertas circunstancias uno no sabe a ciencia cierta cómo va a reaccionar. Puede que los límites los tengamos claros y estemos dispuestos a no claudicar sobre el traspasarlos o no traspasarlos, pero la cosa es que, llegado el momento las perspectivas y límites cambian. Por lo general para bien, pues uno guarda ese poquito de energía extra, de vitalidad emocional que es utilizada en los momentos más álgidos y de esa manera poder sobrellevarlos. Yo no soy una marmota violenta para nada, pero cuando veo injusticia o abuso de poder, mi sangre étnica hierve a niveles inmensurables y si no me cocino yo mismo es porque tengo la carne bien dura y el pellejo suavecito. Pero, claro que es obvio, ustedes estarán preguntándose a que viene esta introducción, cual es el menú del día de hoy, que será la especialidad o el evento que hoy día compartiremos con la marmota. Bueno, uno que, la verdad no se sí catalogarlo de anecdótico, sorprendente o fuera de lo usual, pues en cosa de humanos nada está escrito, no como en cosas de animalitos donde lo negro es negro, lo blanco es blanco y el gris sólo lo ven los que están mal de la vista. O de plano ya están chochos.
Sucede que estuve paseando, casi parrandeando por ahí diría yo, en compañía de Giordano y de un grupo de guerreros místicos que vinieron a visitarme. Esta visita tenía su razón de ser, pues se habían enterado como había mostrado preocupación por Giordano la vez en que se convirtió en un pericote volador y casi perfora el pechito de Pava. Los místicos valoran mucho este tipo de gestos así que luego de visitar a Giordano y obtener mayor información sobre el hecho decidieron visitarme para hacerme llegar sus respetos. ¿Por qué no lo hicieron antes?. Bueno, digamos que entre fuegos artificiales, bombardas, carnavales y cotillón, los místicos acabaron con una indigestión que les duró un buen tiempo, tiempo que los malandrines de la zona aprovecharon para hacer de las suyas dado que los místicos estaban, por decirlo de alguna manera, pagando tributo a la exageración desmesurada del pescado. Los místicos son pericotes y como tales son, promedio, un poco menos de la mitad del tamaño y peso de una rata, algo así como una veinteava parte de un gato normal (o algo así). Y cada uno había dado buen fin a un pescado 6 veces más grande. Así como lo ven, los pericotes guardan muchas sorpresas, entre ellas, un estomago mágico o místico en este caso.
Pasaron muchos días tratando de limpiar su pancita y claro, la irritación del caso no se dio a esperar y ahora, aunque ya recuperados, caminan medio chistoso porque la irritación todavía les ha dejado marca. Y si no comprenden a que irritación me refiero, pues digamos que por mucho usar la puerta de salida se descuadró y gastó la puerta.
En fin, estuvimos caminando por los túneles un rato más que nada mostrándoles a los místicos mis lugares preferidos y aquellos en que guardo mucho respeto y no pocos un poco de temor y miedo. Porque hay que tener temor y miedo en la vida, no todo es valentía. No se puede equilibrar una vida sin los matices correspondientes. Donde hay un héroe hay un mariconcito en potencia calladito y donde hay un mariconcito confeso late un héroe tímido pero vigente. Así es la vida. Giordano siempre en su lenguaje raro les contaba a los místicos de otras celebraciones que él había visto en otras partes de la gran selva. Les comentó de las grandes fiestas de un grupo de humanos que siempre andan con una telita redonda sobre sus cabezas y donde a los críos humanos los pasan por una ceremonia en que algo le hacen pero que el crío chilla como condenado pero eso alegra a todos. Nunca llegó a ver que era pero la cuestión es que algo le hacían por la pancita o entrepierna. Eso sí, la fiesta y comida son inigualables, cosa que por cierto cuestionaron los místicos.
Caminando y andando llegamos a un parque que tiene una fama de ser movido porque ahí muchas personas son víctimas de malandros que pululan la región en busca de cosas que tomar sin pedir prestado ni mucho menos avisar que lo van a tomar. Los místicos apenas se enteraron de esto cambiaron de actitud y se pusieron más alertas. Uno me pidió que por favor les avisara si divisaba a alguien que requiriera ayuda porque ellos estaban un poco fuera de forma y que justamente por ello necesitaban algo de acción. Giordano, como no podía ser menos, ofreció sus pequeños pero duros dientes en pos de la causa aseverando que vendería cara su vida y que antes de entregar la cola dejaría mocho a más de uno. No pregunté mocho de que por discreción.
Y no tuvimos que esperar mucho para ver de qué estaban hablando tanto los místicos como Giordano. A lo lejos vi venir a una persona, un varón algo desaliñado, en un caminar inequívocamente indicador de que ese había pasado por esos líquidos de aroma fuerte que tumban a las personas por lo general o que hacen que pierdan la compostura y relación con la naturaleza. El licor pues. Y vaya que aprendí de eso bien, ¿u olvidan el dolor de mitra que tuvimos tanto la amenaza beige como un servidor luego de dar buen fin al recipiente con líquido rojo y esas masitas planas?. Epi ya me explicó sobre lo que es el licor así que a mirarlo con cuidado pero no dejar de consumirlo (palabras literales de Epi). El aroma era tan pero tan fuerte que no pude evitar hacer un gesto de desaprobación que contrarrestó con el de los místicos y Giordano que era un gesto de emoción y excitación pues sabían que ahí estaba el que pronto requeriría ayuda y estaban esperando el momento indicado para entrar en acción.
En un momento y sin previo aviso, aparecieron 2 individuos que le cerraron el paso. Uno empezó a rodearlo con sus brazos por detrás mientras el otro empezó a rebuscar en él infortunado en busca de no sé qué cosa. Este por supuesto empezó a proferir gritos claramente de ayuda aunque no entendía las palabras. El que estaba rebuscándole le propinó un par de golpes que lo dejaron medio atontado y luego continuó con su labor de rebuscar. Pero como los golpes aflojaron al pobre caminante, el que lo sujetaba por detrás lo dejó caer y entre los dos empezaron a rebuscar sabe Dios qué. Luego de unos instantes se reincorporaron, estaban con algo entre sus manos y con una sonrisa nada elegante empezaron a alejarse con una parsimonia sorprendente. Uno de los místicos dijo que apenas den unos pasos más les caemos encima y les damos la lección de su vida. Yo volteé lentamente y miré por encima de mi hombro y hacia abajo a la colección de 4 místicos y un medio místico (por tamaño y peso) que era Giordano. Entre los cinco no hacen más bulto que mi colita y mis dos patitas posteriores y con seguridad no pesan más que mi colita por lo que me preguntaba sobre qué posibilidades podrían tener.
Sin embargo de la nada aparecieron 4 personas vestidas parecidas a los compañeros de mi amigo el gigante verde, esos que llevan algo negro y grueso en su torso para protegerse, sólo que la vestimenta de estos era de tonalidad madera obscura y parte clarita, y lo que tenían en su torso se notaba no tan grueso. Literalmente saltaron sobre los 2 incautos malandros y les empezaron a dar la zurra de su vida. Voltee rápidamente sorprendido no a ver la golpiza sino a ver los gestos de alegría de los enanos, pues todos estaban dando golpes al aire, obviamente los místicos con mayor elegancia mientras que Giordano a lo bruto, donde pueda metía patita al aire, eso sí, con mucho entusiasmo. Todos decían cosas como dale aquí, dale allá, muerde eso, patea aquello, repite, así se hace y demás cosas. Estos se habían vuelto un poco salvajes con la euforia de estos sujetos con vestimenta color madera. Pero el caso es que seguían y seguían amasando duro y parejo a los facinerosos pese a que claramente proferían gritos indicativos de darse por vencidos y solicitando clemencia. Pero que va, los 4 madederos (por el color pues) seguían zurrándolos de lo lindo.
Entonces apareció con un porte imponente mi amigo el gigante verde. No dijo nada. Tomó a uno de los golpeadores por la cintura y con una facilidad asombrosa lo retiró como quien retira hojas y tronquitos del camino. Luego siguió con los otros tres hasta despejar el panorama y ver que los 2 malandros estaban recontra privados. Mi amigo el gigante verde se llevó sus manos a la cintura y mientras movía su cabeza parecía que estaba renegando. Tanto los místicos como Giordano quedaron con los hocicos abiertos y redonditos, al igual que sus ojos mientras un místico, entre quedito y tartamudeando preguntó si conocía al árbol caminante ese. Estaba por contarles quién era y la relación que tengo con él cuando me silenció unos gritos. Sucede que los cuatro golpeadores de color madera se lanzaron sobre mi amigo el gigante verde tumbándolo lenta pero inexorablemente. Se veían las patitas de los cuatro golpeadores pues se habían tirado de cabeza sobre mi amigo. Ahora era yo el que estaba con el hocico abierto y redondito. Pero no duró mucho mi estado de shock porque un grito, más bien dos, me hicieron regresar a la realidad. El primer grito era de los místicos que dijeron algo en un idioma que no conozco, pero sacudiendo sus cabecitas frenéticamente y sacudiendo sus patitas delanteras al aire estuvieron así unos instantes para luego emprender carrera sin variar la postura usando para esto sus patitas posteriores pero siempre agitando sus cabecitas y blandiendo sus patitas delanteras. El otro grito fue de Giordano, más bien fue una arenga pues, mientras imitando torpemente a los místicos decía, en su forma rara de hablar “vendetta contra los tiranos e morte contra los opresores”. No sé, la verdad que la raza de los pericotes están tronados de la mitra de nacimiento creo.
Y así los cinco salieron corriendo como pudieron considerando que sólo usaban la mitad de su fuerza motriz pues todos iban en sus patitas posteriores mientras que las delanteras, bueno ya saben, las agitaban alocadamente. Sin embargo a medio camino vi como los golpeadores fueron elevándose del piso. Esto detuvo al quinteto de la muerte pues los sorprendió. Lo que pasó es que mi amigo el gigante verde se estaba reincorporando y levantando en vilo a los cuatro. Al poco fueron cayendo uno por uno y fue entonces que los místicos y Giordano se la emprendieron con dos de ellos. Tres místicos por un lado y otro con Giordano se metieron por esa prenda que usan los varones para cubrir sus ridículas piernas y bueno, por los gestos de los susodichos estaban sintiendo la presencia de los chicos en, bueno, en sus zonas. Al ratito empezaron a proferir alaridos tan agudos que podrían romper oídos fácilmente. Mientras mi amigo el gigante verde con 4 o 5 lapos bien puestos puso a dormir a los dos golpeadores restantes. Ahí noté que estos llevaban en el pecho el mismo dibujo que veo en los puestos como el de la señora mami de Toddy. Entre tanto, los que fueron abordados por los místicos y Giordano seguían tratando de hacer algo mientras gritaban desaforadamente. El silencio volvió cuando mi amigo el gigante verde les propinó un lapo a cada uno y san se acabó, el silencio reinó.
Y así fue que se dio cuenta de cuál había sido la razón del comportamiento alocado de este par de golpeadores al ver salir a los pericotes de las prendas de los tipos estos. Y los vio correr tranquilamente hacía donde estaba yo. Cuando me divisó mostró sorpresa y yo simplemente agité mi patita en mi ya legendario saludo. El sonrió mostrándome la gran línea blanca que forma su sonrisa afable en su rostro obscuro mientras tomaba con su mano derecha no se qué cosa que estaba en su hombro izquierdo y se puso a hablar. Esa es la forma en que se comunican entre ellos, me refiero a los de verde. Volví a agitar mi patita para despedirme e irme con mis amigos. En el camino todos empezaron a contar detalles, cosas como que tal mordida, que la piel era suavecita, que uno era lampiño mientras que el otro era moderadamente peludo y cosas así. Bueno, no pedí más detalles porque la verdad no creo que me guste saberlo. Si no digo, tengo facilidad para ser ubicado por los problemas, aunque en esta oportunidad fue divertido ser mirón y no protagonista. Para variar está bien me parece.

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